viernes, 8 de octubre de 2010

Un reencuentro con uno mismo


Una tierra sin fondo

yacen los ríos de antaño.
Un lugar de nadie,
vestigios del olvido presente,
un recuerdo pasado repleto de vida
de bosques y sabanas,
ríos ,afluentes y cascadas.


Todo desapareció sepultado ,
entre arenas movedizas y dunas crepusculares.


Ahí donde la vista nunca alcanza
en el horizonte desmedido de la profundidad refleja,
en el último lugar habitable del mundo
donde sólo el corazón presiente.


De la fertilidad y abundancia a la completa aridez desértica,
así es la vida,en constante cambio a través de su propia transmutación,
Somos simples náufrago de las apariencias complejas,
pero nuestro origen es el mismo,
la humildad y sencillez de la nada inquietante.


Un reencuentro más con la propia esencia
un destello perplejo de chispas divinas,
un tiempo sin espacio,
sin más acompañante que uno mismo,
del polvo venimos y en polvo nos convertimos.
Y sólo perdura la férrea consciencia
que sigue su deambular con rumbo prefijado,
sin mediar palabra, en la espera del afluente acompasado del ríoque la arrastre ,


ahí donde la mente no puede alcanzarla 
y solo la imaginación atrapa.

                                                         Max VolckaertBajo
                                                      

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